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sábado, 19 de marzo de 2016

"Deprisa, deprisa" (Carlos Saura, 1981). Escena final

"Deprisa, deprisa" (Carlos Saura, 1981). Escena final: 2 mins silencio y 2 mins con "Si me das a elegir" de los Chunguitos. Os dejo un artículo de La Hidra sobre quinquis y chonis


domingo, 3 de julio de 2011

Sociedades movedizas #15m



 

Pasos hacia una antropología de las calles. 
Autor: Manuel Delgado. Anagrama. Colección Argumentos.








Prólogo de Lluis Mallart, Soy hijo de los evuzok

En aquel tiempo la calle era un gran espacio en el que se cumplía una parte importante de nuestro proceso de socialización. Las emociones, la sexualidad, la solidaridad, los antagonismos, las distinciones sociales se aprendían en ese territorio que de día era nuestro y de noche, cuando los mayores salían con las sillas para conversar y tomar el fresco, nosotros lo aprovechábamos para ir más allá, correr, perseguirnos y jugar a tocar y a parar en medio de una oscuridad rota por la luz tierna de cuatro farolas de gas, como para significar que queríamos conquistar nuevos espacios alejándonos de la mirada de aquella sociedad adulta que parecía querernos contener: «Niños, ¡no vayáis demasiado lejos!», gritaban los padres sin estar seguros de que les haríamos caso.  

Con los años los pequeños perdimos el control de aquel espacio que había sido nuestro. Las aceras fueron embaldosadas y las calles asfaltadas. Progresivamente, los coches lo invadieron todo. El cobertizo del jardín de la señora Durán fue transformado en garaje. Los adultos se apropiaron del territorio de los niños. La chiquillería fue recluida en casa. Debió ser entonces cuando nacieron aquellas recomendaciones maternas que se han transformado en fórmulas consagradas: «Niño! ¡Ve por la acera!», «Cuidado con los coches». La calle había dejado de ser el espacio social de los niños y adolescentes. La pared alta y escarpada de la calle Oalmases-Calatrava había sido derribada para edificar la Dexeus. Hoy, después de muchos años de silencio y confinamiento, otra generación, nacida quizá en aquella maternidad, parece recordarnos que la calle había sido suya. El ruido de las motocicletas rompiendo la tranquilidad de los adultos es un signo. Las pintadas en las paredes señalando la conquista de calles y plazas es otro. Uniendo estos dos signos podríamos decir que el ruido de las motocicletas es el «grito» de una reivindicación y las pintadas de los taggers es la «firma». Quizá no habría hecho falta ir a África. La etnografía de la calle todavía está por hacer. 
LLUIS MALLART, Soy hijo de lo sevuzok 

sábado, 8 de enero de 2011

El liderazgo según la antropología

Fragmento de la película "La selva esmeralda" donde el jefe de una tribu del Amazonas dice: "Si le digo que haga algo que no quiere hacer, ya no soy el jefe". Referencia de la escena por Manuel Delgado, antropólogo.

sábado, 25 de diciembre de 2010

El líder se deja manipular por los seguidores

Sobre el liderazgo y el carisma, en la Ser, por Manuel Delgado, antropólogo:
(sólo son 50 segundos pero sin desperdicio)

sábado, 16 de octubre de 2010

Cosas de las videoconferencias y Marginación / Discapacidad

El antropólogo Manuel Delgado resuelve con humor y calor la frialdad de una videoconferencia.  
El final es genial. Montaje del vídeo (6´50") de las partes más simpáticas:


Aprovecho el gancho del humor y os animo a ver todo el vídeo (38 mins) donde explica con interés la marginación. En este caso concreto, de la marginación en la Inteligencia Límite, pero en general de todas las discapacidades, y yendo más allá, por analogía, con los inmigrantes, mujeres, niños, ancianos...

Para reflexionar:

- ¿Qué es antes las diferencias o los sistemas de clasificación?
- El marginado no es un desplazado o excluido. Sencillamente no está. Ha sido suprimido
- El discapacitado no tiene una discapacidad. Es que no es otra cosa.
- El que diagnostica es el mercado, el mercado de trabajo.
- Desde que se "inventó" la inteligencia emocional, todos somos discapacitados.
- La función de los borderline (personas límite) es asegurar que lo normal y lo no normal no se van a juntar.

TODA la CONFERENCIA


Videos tu.tv

NOTA: Siento utilizar un gancho para difundir temas de tanto interés. Pero si ese gancho es el humor, me quedo tranquilo

lunes, 11 de octubre de 2010

Lo común y lo colectivo. El espacio público como espacio de y para la comunicación.

Interesante charla de Manuel Delgado sobre la diferencia entre la comunidad y lo colectivo, Internet, sobre el espacio público, la Gemeinschaft, la calle, el barrio, la ciudad, la famila, capitalismo, comunismo....con referencias a películas.



Será Maurice Halbwachs, quien, en su clásico trabajo sobre la memoria social, sabrá distinguir lo común de lo colectivo, separando una memoria común, que es idéntica en todos los miembros de la sociedad, de una memoria colectiva, de la que también participan todos, sólo que articulando la aportación de cada cual, que es distinta y asume de manera no menos distinta los recuerdos que comparte con los demás. Lo noción de comunidad ha acabado identificando aquel ámbito en que se incluyen quienes comulgan entre sí y, haciéndolo, constituyen un sólo cuerpo y una sola alma, una unidad social a la vez natural y sagrada, que encierra a sus componentes en un orden cosmovisional y organizativo del que ni deben ni sabrían escapar. La colectividad designa, por contra, la reunión de individuos que están juntos y asumen su copresencia como medio para obtener un fin, aunque sea simplemente el de sobrevivir. La comunidad se funda en la comunión; la colectividad, en cambio, se organiza a partir de la comunicación. La comunidad y la colectividad implican una parecida reducción a la unidad. La diferencia, con todo, es importante y consiste en que si la comunidad exige coherencia, lo que necesita y produce toda colectividad es cohesión.

El concepto de espacio público se adecua a ese concepto de lo colectivo y se coloca conceptualmente en las antípodas del de comunitario. El espacio público se parece a cualquier cosa menos a un territorio, en el sentido de que no es un marco con límites y defendible, que alguien se puede arrogar como propio y cuyo acceso es por definición restringido, dado que en él se reserva el derecho de admisión. Al contrario, ese espacio público no es otra cosa que la posibilidad inagotable de reunir, lo social manos a la obra, por así decirlo, en un dominio en que cualquier dominación sería inconcebible.

Fuente:  MEDIALAB PRADO

Documento : LO COMÚN Y LO COLECTIVO de Manuel Delgado (Antropólogo)

martes, 3 de noviembre de 2009

Lévi-Strauss y el lugar de la antropología (Por MANUEL DELGADO 08/01/2009, en Tribuna, El País)

Este post es copia exacta del artículo públicado por MANUEL DELGADO el 08/01/2009, en Tribuna, El País.



El gran investigador francés acaba de cumplir 100 años y su forma de mirar el mundo sigue cargada de una fuerte dimensión ética: pensar y dar a pensar el valor de la pluralidad humana, y la necesidad de defenderla.



Pocas serán las instancias culturales y académicas de todo el mundo que no estén celebrando de algún modo estos días el centésimo cumpleaños de Claude Lévi-Strauss, sin duda uno de los autores más influyentes del siglo XX. Todas las ciencias sociales, la crítica literaria, el psicoanálisis, la lingüística, la historia, la filosofía..., llevan medio siglo dialogando con él, incluso contra él, sin que ninguna haya podido sortear su ascendente. Sería vano intentar añadir desde estas páginas algo a lo ya dicho por tantos y en tantos sitios. Cientos de libros, artículos, monográficos, exposiciones, programas y ciclos especiales, en decenas de idiomas, lo están haciendo o lo harán mejor que lo que se intentaría aquí. Un rasgo merece, no obstante, ser destacado: el autor de Tristes trópicos y El pensamiento salvaje no es propiamente un pensador o un intelectual, aunque haya sido reconocido como tal. Claude Lévi-Strauss es, sobre todo, un antropólogo.


He ahí un elemento de la personalidad del ahora homenajeado en el que merece la pena detenerse. Lo que Lévi-Strauss nos ha transmitido es un conocimiento que no es sólo resultado de una honda reflexión sobre el vivir juntos humano, sino de los testimonios que una determinada ciencia social ha podido establecer acerca de hombres y mujeres concretas, cuya vida concreta -en tiempos y lugares no menos concretos- otros hombres y mujeres fueron a conocer de cerca. Seres humanos estudiando seres humanos, conociendo y dándose a conocer, recolectando tecnologías y sabidurías ajenas y lejanas, aprendiendo de gentes que siempre sabían más que quienes les estudiaban. Una disciplina -la antropología- que nació y existió para que pudiéramos instalar nuestra sociedad entre todas las demás sociedades y elaborásemos, con el conjunto producido, algo parecido a una cartografía de la condición humana en toda su amplitud.
Pero si Lévi-Strauss ha podido enseñarnos tanto y marcar nuestra época es porque pudo desempeñar su tarea como investigador y como docente en un contexto en el que la ciencia que ejercía merecía un reconocimiento, en una sociedad para la que la antropología era importante y que escuchaba lo que se le decía desde ella. Ése ha sido el caso francés y el de su área de influencia cultural, como lo ha sido el de la mayoría de países anglosajones, con el Reino Unido o los Estados Unidos a la cabeza. Otra cosa es lo que vaya a ser en el futuro -y de ello hablan las protestas estudiantiles "anti Bolonia" de estos días en toda Europa- de aquellas áreas académicas que no se demuestren lo bastante rentables o serviles. Pero, al menos hasta ahora, la antropología ha estado ahí, en esos países y en otros, viendo atendida públicamente su forma de dar con las cosas humanas, mirándolas de cerca y comparándolas entre sí.

Por desgracia, ese no es el caso de la antropología española. Una disciplina que había nacido en el último cuarto del siglo XIX se incorporaba con ánimo crítico al ámbito universitario español a principios de la década de los años 70 del siglo pasado, pero ha permanecido encapsulada en él hasta ahora. A pesar de la proyección internacional de algunos de sus exponentes -Julio Caro Baroja, Carmelo Lisón Tolosana, Claudi Esteva Fabregat-, miles de estudiantes y licenciados en antropología no pueden desarrollar plenamente lo que son o van a ser: antropólogos. Por ello, en un momento en que se abre la perspectiva feliz de un grado de Antropología en algunas universidades españolas, se entiende la preocupación de esas mismas universidades para que la disciplina que enseñan logre trascender su actual acuartelamiento académico. Es en esa dirección que todas ellas trabajan en orden a la creación de un colegio profesional que regule la práctica de una profesión tan necesaria como inexistente, en la medida en que sus miles de licenciados actuales y quienes obtengan la nueva titulación se van a ver obligados a aplicar lo que han aprendido bajo todo tipo de denominaciones profesionales, que, salvo pocas excepciones, podrán ser de cualquier cosa menos la de antropólogos.

Y lo que sorprende es que esa invisibilidad forzada de los antropólogos españoles en tanto que tales contrastes con la pertinencia y hasta con la urgencia de una mirada como la suya para observar y entender cuestiones centrales para los tiempos que corren. La antropología almacena décadas de trabajo en áreas como la de la vivencia de la enfermedad y de la muerte o la de los estilos que adoptan los diferentes grupos de edad -jóvenes, ancianos...-, siempre desde una perspectiva que recoge su variabilidad histórica y cultural. Los antropólogos han advertido hasta qué punto los objetos son fundamentales para entender la cultura que los ha creado y usado, por lo que tienen un papel que jugar en la protección y la divulgación del patrimonio cultural, defendiendo lo que de él se mantenga vivo y custodiando y haciendo accesible su pasado en museos. Su preocupación por la práctica y la concepción del espacio convierte en fundamental la perspectiva que les es propia en temáticas territoriales, tanto rurales como urbanas, en contextos en los que las grandes dinámicas de transformación no suelen tener en cuenta el precio social a pagar. La comprensión del sentido que los seres humanos otorgan al medio que los rodea y a sí mismos dentro de él, hace de los antropólogos interlocutores necesarios en los debates medioambientales y ecológicos.

Una experiencia abundante en el campo del estudio de los mitos y los símbolos rituales le permite al antropólogo detectar qué funciones y a qué demandas satisfacen las prácticas religiosas vigentes en nuestra sociedad, tanto las tradicionales como otras que hasta hace poco podrían habernos resultado exóticas. El mercado y los hábitos de consumo no son ajenos al conocimiento que los antropólogos tienen de la dimensión económica de la vida social y ni siquiera las recién nacidas tecnologías de la comunicación se escapan a la competencia que han demostrado a la hora de estudiar los lenguajes humanos. Tanto la diversificación creciente que conoce la institución familiar como el aumento de los contactos entre formas de ser y de estar derivados de los flujos migratorios o del turismo deberían hacer idónea una visión como la suya, especialmente entrenada para encarar la heterogeneidad. No se olvide que la antropología ha sido estratégica en orden a desautorizar todos los argumentos que han intentado mostrar como "natural" la desigualdad humana y continúa siendo fuente de recursos teóricos contra las nuevas y las viejas formas de racismo, xenofobia y sexismo.

La antropología se antoja ahora más que nunca útil en orden a las lógicas y las dinámicas que organizan nuestro presente, reconociendo en él cambios constantes, pero también repeticiones e inercias. Ese es su trabajo: ver de qué están hechas la diversidad y la complejidad sociales y mostrarlas no, como se pretende, en tanto que motivos de alarma, sino al contrario: como la materia primera de que se nutre la capacidad de las sociedades humanas para mejorarse a sí mismas.

Esa es la virtud fundamental de Claude Lévi-Strauss. Mirar como mira un antropólogo, contemplando lo remoto como ordinario y sorprendiéndose ante lo cotidiano, ejerciendo un oficio en el que la competencia y la versatilidad explicativas nunca han ido separadas de una fuerte dimensión ética, preocupada por pensar y dar a pensar el valor de la pluralidad humana y la necesidad de defenderla. Celebrar la vida de Lévi-Strauss es celebrar su vida de antropólogo. Pero se hace el elogio del sabio, sin hacer lo propio con la naturaleza misma de su saber, su fuente y su sentido. Al tiempo que multiplican las alabanzas al maestro, bien estaría que se reconociera el esfuerzo y la singularidad de quienes han decidido seguir su camino.

Manuel Delgado es profesor de Antropología en la Universidad de Barcelona y prologuista y traductor de Claude Lévi-Strauss.

sábado, 10 de octubre de 2009

POR UNA EDUCACIÓN EN PASIONES (Manuel Delgado)

Reseña, por Manuel Delgado (antropólogo), del libro de José García Molina "Imágenes de la distancia" (Laertes), publicada en el último número de la revista Cuadernos de Pedagogía. 





¿Qué significa “educar”? ¿Qué podemos hacer para que esos desconocidos que se nos confía en el aula y fuera de ella mejoren en algo sus vidas? José García Molina nos brinda en este Imágenes de la distancia un puñado de reflexiones contra alguna de las supersticiones en que se sustenta ese nuevo oscurantismo que se pretende hacer pasar por “ciencia de la educación” y que no es sino técnica para la domesticación de humanos. El autor está en inmejorables condiciones para ejecutar tal crítica, pues buena parte de lo que nos ha brindado hasta ahora –las compilaciones Multiculturalidad y educación y Pedagogía social, ambas en Alianza– le han familiarizado con alguno de los tópicos con los que la escuela actual prepara para las viejas y las nuevas formas de sumisión.

Esta última aportación personal –
en la línea de su anterior Dar (la) palabra– es una vindicación de la distancia justo como aquello que al mismo tiempo nos separa y nos une al mundo, a los demás y a nosotros mismos, puesto que es el requisito que nos hace concebibles no como sustancias –tal y como sostendría el dogma de la inmanencia de los sujetos individuales o colectivos– sino como entidades que existen no en relación con los y lo otro, sino como esa misma relación. Lo que importa no está en nosotros, sino entre nosotros.


Acompañando al lector en sus discurrir –discurrir: pensar, pasar, hablar– uno se va dando cuenta de hasta qué punto es verdad que
de tanto hablar de valores, se no ha olvidado hablar de la vida, que es eso que está ahí, que transcurre a nuestro alrededor y nos arrastra, hilvanada no con grandes principios, sino con temblores y calmas, fragilidades sin identidad, acaeceres mínimos en los que nos va y se nos va la existencia, en todo lo que pasa, nos pasa y nos traspasa. Les enseñamos a ellos y a ellas a que repitan de memoria los nuevos catecismos, pero hemos expulsado del aula cualquier cosa que se parezca a una educación en pasiones, esa materia prima de la que depende cualquier transformación propia y del mundo. Les enseñamos, como siempre, a obedecer, pero ni siquiera a mirar, y mucho menos a cerrar los ojos. Elogio, entonces, a las distancias. Porque, ¿para qué están las distancias, si no para recorrerlas?

domingo, 23 de agosto de 2009

LA CALLE

Triana: En una esquina cualquiera y bajo la luz de un faro Dos jóvenes hablan se cuentan sus vidas y la ilusión 

http://www.youtube.com/watch?v=kGRwf_1sMW4


Qué es la calle? No es un mero pasadizo entre dos construcciones. Es el espacio donde las cosas se juntan: los cuerpos, los sentimientos, las personas, los objetos ¡La calle es la vida!

Manuel Delgado. Antropólogo.

Ver entrevista en Revista austral de ciencias sociales:
educ@conTIC
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